¿Es que nadie piensa en los niños?

Nunca he estado muy a favor de los complementos. No suelo llevar gorra, las gafas de sol las dejo siempre olvidadas sobre el capó al repostar gasolina, no llevo reloj, el iPhone lo he dejado olvidado dos veces en el congelador... y odiaba esos guantes. En Barcelona nieva poco, nieva muy poco y yo tendría unos 12 años un día que hacía un frío de muerte. Mi madre se había empeñado en que fuera a clase con un gorro y unos guantes a juego que combinaban muy bien, según ella y que rompían con mi firme postura de: no soy un árbol de Navidad.
Volviendo del colegio, me di cuenta de que unos chicos humanos gitanos algo mayores que yo, hacía rato que me seguían. Y al rato, lo inevitable:

-Eh tú, danos lo que tienes.

Vi que me amenazaban con algo afilado de color plateado y no pude hacer otra cosa que decir:
- Una campana? Me estáis atracando con una campana?

Me entró la risa, una risa entre nerviosa y de "no puedo contar que me han atracado como una campana". Pensándolo fríamente creo que si hoy alguien tratara de atracarme con un rotring me acojonaría. Pero me entró la risa. Los chicos humanos gitanos, al ver que varios vecinos se nos quedaron mirando dijeron:

- Ah! Es broma, tranquilo, no pasa nada.

Y ya iban a dar media vuelta.

Mi madre me acompañó durante varios días al colegio a ver si veía a aquellos chicos humanos gitanos que me habían "robado" aquellos guantes y aquella gorra "tan bonitos y que iban a juego".Sube la música lirolililooorememberwhen. Aparecen cervatillos Disney caminando o reventando y fundido en negro.

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Mi Amigo Walter © 2010